viernes, 12 de agosto de 2011

El Café

Ayer saliendo del trabajo, nos vimos, nunca una mujer me había atraído.
Soy una mujer casada, con niños, sexualmente activa, amada y deseada por un hombre.

Pero te vi. Nuestra primera charla fue básica, de tu vida, tus hijos, los míos, en fin, nada que nos acercara.

Me llamaste, nos juntamos, el café tenía un sabor a engaño, mi primer engaño, no solo al hombre, sino que a mí.

Tu cuerpo refleja el tiempo, tu mirada toda una vida. Es nuestro primer encuentro, el tema de conversación fue intimo, de nuestras vidas, de los amores, de las dudas, del porque dos mujeres maduras se encuentran y enloquecen.

Mi familia, esta extrañada de mi cambio, ya no tengo tiempo, me contaste que te pasaba lo mismo, sé que no será fácil ocultar esto, las mentiras y el exceso de trabajo, son mis herramientas para verte.

Qué fácil es hablar contigo, conoces el verdadero significado de las palabras, de mis palabras, me miras y ves todo, te siento tan mía.

_Sofía, tu hija sospecha algo, que difícil  seria explicar esto, que dos mujeres con una vida hecha, que son simples, se encuentren, se amen, se acompañen, sé que no entendería.

Mi marido siente la ausencia, el me conoce, sabe que algo pasa, nota mi cuerpo distinto, mis manos no mienten.

Como quisiera gritarle al mundo que te amo, que tú me amas, que solo somos de mujeres que se conocieron en un minuto de sus vidas, las que estaban vacías, que no bastaba el simple amor de un hombre, que ambas querían mas.

Gritemos juntas, que todos nos oigan, que mis manos no le mienten a tu cuerpo, que tu verdad no es simple, que nos amamos.

_Sofía me llamo, no juntamos, el café tenía un aroma a verdad, a engaño.  No lo pude negar, ella trata de entender, le explico los porque, los cómo, nuestra verdad no es fácil.

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